CENA DEL SEÑOR Y LAVATORIO DE LOS PIES

c_300_175_16777215_00_images_Lavatorio.jpgEste pasado Jueves Santo, monseñor José Grullón dio inicio al Triduo Pascual al presidir la Santa Misa, en que se conmemora la institución de la Eucaristía y el servicio de manera humilde y sobresaliente a los demás, cumpliendo el último mandamiento de Jesús en la última cena con sus discípulos.

En la ceremonia de recordación de estos grandes acontecimientos de honda significación para la Iglesia, el obispo de la Diócesis de San Juan de la Maguana, lavó los pies de 12 personas que fueron seleccionadas de la feligresía presente en templo, repitiendo el gesto de Jesús al lavar los pies de sus discípulos, para ratificar la importancia del mandamiento del amor hecho servicio a los demás. 

Una sorpresa fue que el Consejo parroquial también había reservado el lavatorio de los pies al propio monseñor Grullón y a la monja Cloty Collazo, de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, quien fungía de monitora.     

Monseñor Grullón ha sido enfático en proclamar durante todos estos días de celebraciones multitudinarias, de que “al Señor le toca mover la misión y a nosotros nos toca impulsarla”, promoviendo el lema diocesano “Eucaristía, experiencia de amor para la misión”.   

A continuación, la transcripción íntegra de la homilía de monseñor Grullon:

Inspirado en el lema el año, en esta Semana Santa tenemos un lema: La Eucaristía, experiencia de amor para la misión”, la Semana Santa es una experiencia de amor de Dios. El Domingo de Ramos vimos que la entrada del Señor en Jerusalén se trata de una experiencia de amor, en que Jesús entra al pueblo de Jerusalén dispuesto a dar la vida y con ello atrae a la muchedumbre, o sea que, nuestra misión es ir a la muchedumbre, buscar a todo el mundo.

c_300_175_16777215_00_images_Institucion.jpgY en la Misa Crismal, el martes, celebrábamos que el Señor nos ha ungido con  los aceites, pero nos ha ungido para servir, para evangelizar, para hacer el bien. Esa es la misión, no solamente recibir el bautismo, los aceites, la unción y la comunión para nosotros mismos, sino que es para la misión.

Recordamos que todos nuestros dones y capacidades en la vida, son para una misión: nuestros ojos, la boca, los pies, las manos, son para una misión. Asimismo, ser cristiano es serlo para una misión. La propia iglesia es misionera, o no es iglesia. Quien dice o reconoce que tiene una misión, no es cristiano, ni es nada, no siquiera está cumpliendo con su vocación humana, porque todo ser humano vino a la tierra a cumplir una misión. Eso está muy claro, lo que muchos no han entendido es que para cumplir una misión es preciso tener una experiencia de Dios. ¿Quién no cumple la misión? El que no tiene una experiencia de Dios.                         

Los que no están evangelizando son los sinvergüenzas, los que están maltratando, robando, que están abusando, chismeando, incurriendo en cosas malas, porque, ¿Qué es evangelizar? Hacer el bien. El que ama la familia, está evangelizando. Jesús pasó sus primeros años en una familia y así  empezó evangelizando. Y después curaba enfermos, entonces ¿si tú visitas un enfermo, no estás evangelizando?  

Si ayudas a tus hijos, a tu marido, a tu esposa, ¿Estás o no estás evangelizando? Igual el que ayuda en el coro, en la catequesis, en la liturgia, el que reza por los demás también está evangelizando.

¿Quién no evangeliza? El que está haciendo la maldad. Dice el Evangelio que Jesús resume su Evangelio en una sola frase: pasó por el mundo haciendo el bien.

Dios los ha invitado a ustedes a que hagan el bien. Démonos un aplauso entre todos, porque estamos evangelizando. La misión nuestra es servir, es hacer el bien, todos venimos con una misión: el que está en el conuco está evangelizando; el que siembra la habichuela, si eso que produce es para la casa está evangelizando, pero en cambio, si eso que produce lo utiliza para mujerear y para beber o malgastarlo, ese no está evangelizando. Si lo que tú ganas lo botas en la banca, no estás evangelizando, ¡claro que no!, estás enriqueciendo a los dueños de bancas; es decir que eres un abusador que estás maltratando a tu familia; todo ese que está buscando dinero prestado con los prestamistas, no estás evangelizando. La mayoría de nuestros agricultores están enredados, por eso, los que están quitando la casa y las propiedades a la gente, no están evangelizando.

c_300_175_16777215_00_images_Lavatorio_b.jpgEvangelizar es hacer el bien, apoyar a los demás en todo lo que nos necesiten. Entonces, vamos a decir hoy algunas experiencias de amor, de esta eucaristía,  que me invitan a la misión:

Jesús lavó los pies as sus discípulos, Jesús me lava los pies a mí y dice que lavarme los pies no es bañarme, sino limpiarme de mis pecados. Me lava los pies para decirme: Te perdono, cuenta conmigo. Cuando uno mira al Cristo crucificado; cuando uno mira la Eucaristía;  hay gentes que no pueden comulgar, pero vienen a la misa y miran la Eucaristía y con esa mirada de fe ya el Señor los está perdonando.

Recuerden que en los tiempos de Moisés cuando andaba en el desierto, los israelitas con solo mirar una serpiente que el profeta mandó a hacer, cuando eran mordidos por uno de estos animales quedaban sanos. Entonces, únicamente con que mires con fe la eucaristía, ya estás recibiendo el perdón de Dios; Dios me está lavando con esa mirada que le estoy dedicando y que El me está dando a mí.                

Algunos que no pueden comulgar, cuando se levanta el pan y el vino, el Señor les lava los pecados para que hagan lo mismo con los demás. Fueron sus palabras: “lo que  yo haga con ustedes, háganlo ustedes con los otros”,  me lava a mí, para que yo lave a los demás, para que sirva a los demás que lo necesiten.

Entonces, ¿cuál es la experiencia? El Señor me ha lavado, me ha lavado con su sangre, me ha perdonado, con su muerte, con la Eucaristía, y con todos los sacramentos el Señor me está perdonando mis pecados. Mediante el sacramento de la penitencia, Dios me está perdonando.   

Cuando tu marido llegue cansado, cuando tu hijo se ponga de malcriado, lávale los pies, es decir, dale un cariñito. ¿Qué es lavar los pies? Es hablar bien de los demás, es bendecir, es ayudar, es consolar, todo el mundo comete faltas, no te fijes en los defectos de los demás, no te fijes en los defectos de tu vecino, perdónale, lávale los pies.

La segunda experiencia de amor, Jesús se convierte en un pan; Jesús nos ama tanto, que quiere alimentarnos y no sabe cómo hacerlo. Nos llega como Palabra que entra al alma por el oído, pero para él no es suficiente y se vuelve pan de vida para que podamos comerlo a Él. Experiencia de amor, que yo pueda comer el cuerpo del Señor. Y eso está prefigurado desde antiguo, Jesús es ese cordero de Dios alimentó al pueblo de Egipto, para que tuviera fuerzas y saliera para la libertad, a buscar una nueva tierra.  

Un día como hoy, Jesús instituyó la Eucaristía, y esa es una riqueza de nuestra Iglesia que un hombre como tú y como yo, sacado de entre los demás hombres, Él lo escoge para que diga: “Esto es mi cuerpo y esta es mi sangre” y se cumpla la Palabra de Dios.  

c_300_175_16777215_00_images_Santa_Cena.jpgOtra experiencia de amor es que Jesús derramó su sangre por nosotros, cuando tomó el cáliz y dijo: “Esta sangre será derramada por ustedes para el perdón de los pecados”; es la sangre de cordero del Antiguo Testamento que pusieron en el dintel de la puerta en las casas, para que cuando el ángel pasara esa noche, no los tocara la exterminación que iba a eliminar a todos los primogénitos de los hogares de Egipto y los primogénitos de los animales, de un pueblo enorme, y donde quiera que pasara y estuviera la sangre del cordero los libraría de la exterminación.                    

A veces no tomamos en serio que al participar de la sangre del Cordero estamos ungiendo nuestras casas, las casas de los vecinos, las casas de mi distrito, las casas de mi comunidad; estamos ungiendo las casas con la sangre del Cordero para que no les pase nada, ni haya ningún exterminio.      

A veces hay hecho de sangre en una comunidad y esa sangre repercute negativamente en la familia, en la sociedad; pero nosotros aquí, al participar de la eucaristía, al proclamar que la sangre del Señor borra los pecados, estamos diciendo: Señor, esta sangre que hoy se derrama en esta eucaristía, unge con ella todos los corazones violentos, todos los corazones que andan mal, los corazones que andan con envidia, con rencor. Unge a los hombres que se inclinan por tener más de una mujer; unge a las mujeres que no se concentra en su hogar; unge a todos aquellos que no tienen trabajo, unge Señor a todo nuestro pueblo para que haya unidad; este es un banquete, la Eucaristía y la institución del sacerdocio, es para que nosotros tengamos esa misión de ungir con la sangre del Cordero a todo el mundo. Y podemos decir: que la sangre de Dios te perdone los pecados, que la sangre de Dios unja cada casa.

La última experiencia de amor ese esta: sabiendo Jesús que Dios puso todo en sus manos, que de Dios venia y a Dios volvía, se entregó por nosotros. Estamos en las manos de Jesús. Padre, estoy en tus manos, en tus manos encomiendo mi espíritu. Gracias, Señor, porque me tienes en tus manos, porque camino en tu presencia, porque todo lo hago en el nombre tuyo. Gracias, Señor Jesús. Amén.

 

Jose Danilo.-